Con motivo del Día del Padre, el pasado 22 de junio, el Periodico EL HERALDO de Barranquilla, publicó en su Revista "Miércoles", el siguiente artículo, como homenaje a HUMBERTO PLATA RUEDA, querídisimo compañero Caminante de nuestra ciudad, a quien reconocemos, ademásde las múltiples cualidades expresadas en el diario, por su liderazgo, su generosidad, la gran capacidad de entrega y de servicio, por su sencillez y humildad, y por ser uno de los motores que cada mes motiva a muchas personas a vivir la maravillosa experiencia de CAMINOS.
Todos sus hijos y su esposa, hoy en dia son Caminantes también, y Humberto se inicia además en su entrenamiento como Conductor de Seminarios.
A continuación el artículo sobre nuestro querido Humberto

“Pedí uno, me dieron dos y ahora tengo cinco”
Por Katia Díaz Silvera
Fotos José Torres

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Nacer de primero en un hogar de 21 hermanos tiene la implícita responsabilidad de colaborar con la crianza de los más pequeños en casa. Seguramente el entrenamiento más adecuado para Humberto Plata, un comerciante santandereano que pensaba, más adelante, en tener su propia familia.

Ahora tiene 59 años y sus ojos cansados observan lo menos que podía hacer por poner a prueba su rol de papá. Observa, por ejemplo, a cinco hombres: Manuel es blanco, delgado y nariz respingada; Humberto es muy alto y moreno; Rodrigo es trigueño, de mediana estatura y nariz chata; Pedro es alto y de contextura gruesa, y David es delgado, alto y perfil aguileño. Físicamente nada en común. Hoy serían cinco desconocidos, uno del otro.

Cuando Humberto se casó con Teresa Acevedo, 1964, esperó ansiosamente la llegada de los bebés al hogar, fueron diez años. Sin embargo, la posibilidad de ser padre no le había sido negada.

Un día llegó a su casa después del trabajo y se encontró con el abrazo de un niño que apenas cumpliría los cinco años, quien le decía entre lágrimas “este es mi papá”. Su estampa varonil, ante los ojos de su esposa se quebró correspondiendo al abrazo del pequeño Manuel.

“Ya nos habían hablado de él. Su padre estaba en peligro de muerte y por la seguridad de Manuel nos lo entregaron. Nos preparamos para ser padres por primera vez”.

Tanto Humberto como Teresa querían experimentar la práctica de tener un bebé en el hogar y por eso, cinco años más tarde, 1979, decidieron adoptar a Humberto Jr., quien llegó a casa con solo dos días de nacido, por lo que la pequeña familia tuvo que salirse de su rutina para atender las necesidades de su especial huésped.
Vivían al lado de su propio negocio, una tienda, quizás de las más antiguas y de más tradición en el Centro de Barranquilla. El sector era algo peligroso, por lo que se resguardabana tempranas horas de la noche. Una de aquellas, la más afortunada de todas, en medio de un aguacero, entre sábanas fue dejado en su puerta un bebé que lloraba insistentemente para que fuera protegido, lo que han hecho hasta entonces. Fue llamado Rodrigo.

"Fue un niño inquieto, lloraba mucho, pero tuvimos la sabiduría de saber manejar todas las situaciones", dice Humberto, quien tuvo que enfrentar la más dura de ellas con cada uno de esus tres hijos: Manuel, Humberto Jr. y Rodrigo.
Tenía la misión de contarles, a su tiempo, el origen de su procedencia. Decirle a Manuel que su padre biológico había muerto al poco tiempo de recibirlo con el riesgo de tener la misma suerte; a Humberto Jr., que lo esperaban después que Bienestar Familiar lo recibiera de manos de una estudiante desesperada, y a Rodrigo que fue abandonado a su suerte una oscura noche sin temor a que nadie abriera las puertas de esa casa.
Nada de eso los afecta. Todos fueron levantados en el hogar de Humberto y teresa con el amor, el mismo que se le puede dar a un hijo.

La vida era justa con la pareja, pero le hizo una "jugada" a Humberto pasados casi 20 años después que se uniera en matrimonio con Teresa. Él decidió tener un hijo por fuera del hogar, situación que le comunicó a Teresa una vez se dio por enterado que había una mujer embarazada. "Yo me decidí a hacerlo de esa manera aunque no fuera lo más correcto", comenta.
Pues bien, tres meses más tarde de darse por enterada, Teresa quedó embarazada, le dijo la noticia de que la daría un hijo de sus entrañas, ..el que siempre quiso Humberto. "¿Por qué no esperé?, no supe ser paciente", era el pensamiento en ese entonces de aquel hombre trabajador. "...Pedí uno, me dieron dos, y ahora tengo cinco".

Nació David y después Pedro. Dos alegría juntas para Humberto. Pensó que iba a ser diferente a las experiencias anteriores, no lo fue. "Era muy bonito sentir que tenía mis propios hijos, pero el amor que sentía por los otros no fue distinto al de mis últimos hijos. Fue algo especial y me sentí muy bien porque hice lo correcto con todos".
Pero Teresa no tuvo más años para disfrutar a sus hijos.
Dejó a Pedro con cinco años de nacido y a Humberto con las manos en la cabeza. "Se me acababa la vida con la partida de Teresa, sin embargo tuve el apoyo de la familia, los amigos y la responsabilidad adquirida con mis hijos", menciona acongojado.
En cada una de sus miradas encontraba el aliciente para continuar en la tarea de educarlos, que también se convirtió en la responsabilidad de Maria Cristina Guarín, una santandereana que tiempo más tarde se comprometió con Humberto.
"Ellos conocen sus historias, se quieren como hermanos que son", dice Humberto. También sufren sus fracaso y gozan sus alegrías dejando atrás su triste pasado. Para ellos su presente y su futuro se encuentra en su padre y su familia.
Sus hijos ya san unos hombres que le han dado tres nietos con quienes comparte en los tiempos libres de su trabajo en la misma tienda ubicada en el Centro de Barranquilla, La Cívica. Además es abanderado de las obras sociales con niños desplazados ubicados en albergues de la ciudad.