Cuando estamos a pocos días en que JULIA CAROLINA DE LA ROSA y su esposo ALBERTO MARIO PUMAREJO, vivan la maravillosa experiencia de CAMINOS II, y cuando su padre, el ilustre MANUEL DE LA ROSA MANOTAS acaba de tomar CAMINOS I serie 124, el periodico EL HERALDO de Barranquilla, nos regala esta maravillosa entrevista publicada en la última edición de la Revista Miercoles en la que la periodista Dilia Esther Bolívar nos deja ver la personalidad valiente y decidida de una extraordinaria mujer que decidió ganarle la batalla a una enfermedad para vivir la vida con total entrega y alegría. El retrato del amor decidido de una pareja que le gana paso al destino para entregarselo a sus hermosas hijas
Nos alegramos por tan merecido reconocimiento, JULIE Y ALBERTO MARIO, LOS QUEREMOS MUCHO!!

Entrevista
Julia Carolina De la Rosa... ‘valiente’
La soberana del ‘Carnaval del Siglo’ (1999), siente que por segunda vez en su existencia es la reina. Esta vez, de una batalla donde no hay flores ni danzas, sino una lucha que no admite grandes paradas si desea seguir bailándole a la vida.


El apoyo incondicional de su esposo Alberto Mario Pumarejo ha sido fundamental para su recuperación.
Por Dilia Esther Bolívar

Un día cualquiera del mes de enero de este año, Julia Carolina De la Rosa Valiente se sentó frente a su computador y decidió conectarse al Internet. Navegando, se encontró con una página que de golpe le llamó poderosamente la atención: era la dirección de ‘Locks of Love’ (Gajos de amor), una fundación ubicada en la Florida, EU, que recibe como donación cabello de mujeres de todos los lugares del mundo para hacer pelucas y regalárselas a niños que padecen de cáncer y que reciben tratamientos con quimioterapia.

Como una premonición divina y, sin dudarlo, basada en los principios de colaboración a los demás inculcados por sus padres Manuel y Julia, tomó una decisión que tal vez para muchos resultaría “descabellada”: cortar su larga y rubia cabellera y enviarla a la dirección física que aparecía en esa página.

Sin importarle que los gastos de envío corrieran por su cuenta, Julia Carolina tomó atenta nota de las recomendaciones que daban para empacar el cabello en cajas, antes de llevarlo a la oficina de correo que finalmente lo pondría en las instalaciones de la fundación.

Hasta ese momento su vida transcurría normal. Sus hijas —Julia Carolina, de tres años de edad, y la pequeña Eva Sofía, de uno— y su esposo Alberto Mario Pumarejo eran el centro de su vida. El campeonato de softbol del Country Club de Barranquilla concentraba parte de su atención.


Como soberana del ‘Carnaval del siglo’ en 1999.
Su segundo reinado

Sentada en el sofá de su apartamento y con la expresión que caracteriza al barranquillero que vive su tierra, Julia recuerda cómo un día cualquiera su esposo le detalló la pequeña “bolita” que había descubierto en su seno izquierdo. Para ella no fue motivo de alarma, solo le manifestó que consultaría a su médico.

“En ese instante mi ginecólogo me dijo que no era para alarmarse. Que tal vez podía ser un ducto bloqueado después de la lactancia, pues acababa de dejar de amamantar a mi hija mayor, y que sin embargo, si lo deseaba, podía ordenarme una ecografía. Le contesté que no había necesidad ya que él me estaba diciendo que no era nada peligroso. El tema entonces quedó ahí”, agrega.

Un año y once meses después (junio 11 del año anterior), una nueva alegría arribó a su hogar: Eva Sofía, su segunda hija. Pero con ella empezaron a llegar también los avisos de que algo no andaba del todo bien. Al mes de nacida la bebé, Julia Carolina sufrió una mastitis en el mismo seno, lo cual la obligó a dejar de lactar a la pequeña. Para ese entonces, ‘la bolita’ ya era un poco más grande. De nuevo consultó a su médico, y luego de que este le practicara el examen manual, ambos concluyeron que era la característica típica del resultado de una mastitis. Una vez más, el galeno insistió en que para su tranquilidad le ordenaría una ecografía.

Corría el mes de septiembre de 2006. Por esos descuidos que a veces se tienen sin querer, la orden del examen médico se le extravió, y ella no le prestó mayor atención. En enero de este año, en una visita a su nutricionista, Julia le pidió que le prescribiera una ecografía, pensando, tal vez, en que ya era tiempo de atender la solicitud de su galeno de cabecera. Pero, aún así, el papel fue a parar a su bolso sin hacerse efectivo.


“Mi norte: mis hijas; mi motor: Alberto Mario, mi esposo; mi gasolina: el Dios que me mira; mi vehículo: toda mi familia”.
Febrero trajo consigo una tortícolis que la hizo regresar a un consultorio médico. Después de una semana de tratamiento con antibióticos, el dolor no cedió en lo más mínimo y entonces el otorrino Alfonso Yepes manifestó su preocupación ya que pensaba que podría tratarse de un tumor de garganta o algo por el estilo.

Para estar tranquilos y descartar cualquier eventualidad, el doctor Yepes ordenó una radiografía. Al llegar a la clínica para practicarse el examen, la soberana del Carnaval del 99 recordó que en su carro reposaba la prescripción de la ecografía y decidió practicársela.

“La verdad es que yo estaba muy tranquila. Tanto, que fui sola a hacerme mis exámenes. El quiste ya tenía una medida considerable y el ecógrafo me dijo que él pensaba que esa bola había que sacarla. Con mucha frescura le contesté que me lo sacarían en julio, porque estaba en pleno torneo de softbol y que operarme en ese momento no estaba en mis planes”.

Pero, tal vez por cosas de la vida, accedió. El sábado 17 de marzo, Julia Carolina De la Rosa ingresó al quirófano para que le fuera extraída la masa que de alguna u otra forma intranquilizaba, más que a ella, a sus padres y a toda su familia.

El puente festivo pasó sin alteraciones. El martes 20 desestabilizaría un poco a ‘la corte de la reina’...

Julia, la valiente

Haciendo honor a su apellido materno, desde el primer momento en que la posibilidad de un cáncer de mama apareciera como tema en las conversaciones de los Pumarejo De la Rosa, Julia asumió la posición de una mujer valiente.

En su mente no había cabida para un desánimo, ni mucho menos para una ‘bajada de guardia’. Como en su época de reina de las carnestolendas, tenía que estar presta a ‘bailarle’ su ritmo a la vida, a ponerle su sello y a demostrar que del carnaval de su vida ella era la soberana.

Ese día, Julie (así la llaman sus amigos más cercanos), tirada en el suelo de la habitación de su hija menor, conversaba con su progenitora acerca del resultado de la biopsia que uno de sus tíos debería recoger en la clínica.

Al mediodía, Eduardo Valiente, cirujano plástico y quien estuvo al lado de su sobrina durante la cirugía, traía las malas noticias para unos; para ella, en cambio, lo peor había pasado en el momento mismo en que la masa fue extraída de su cuerpo.

Inmediatamente y sin dejar reaccionar a los demás, cuestionó a su tío y a su mamá. Y con esa seguridad que la caracteriza dijo: “estoy lista para hacerme la mastectomía. Mañana mismo, si es posible”.
Y el proceso pre-operatorio comenzó. Exámenes, chequeos, revisiones para que todo estuviera bien y en orden. La operación quedó programada para el sábado 24 de marzo, fecha que para ella representaba un sentimiento: el aniversario número 30 de casados de sus progenitores.

En el nombre del Padre...

Afortunadamente y gracias al Padre Celestial, la operación fue un éxito. La masa “maligna” fue extraída del cuerpo de Julia Carolina. Un nuevo ‘carnaval’ empezó para ella. ‘La conquista’ definitiva de la vida comenzó.

Hoy, Julia Carolina De la Rosa Valiente se repone de un mal momento, confiada en que ‘todo sucedió cuando tenía que suceder’. El cáncer de mama que se posó sobre ella alguna vez ya es historia.

Su vida continúa normalmente. “Solo me cuido por seguir las recomendaciones de los médicos, pero no porque me sienta mal. Yo estoy muy bien, qué digo, ‘superbién’. Pobrecito el tumor que me extrajeron, tenía cáncer”, expresa con voz llena de vigor y energía y luego sonríe a carcajadas.

Solo quiere dejar su caso como una enseñanza. A las mujeres pide que se prevengan y, sobre todo, que atiendan a tiempo las recomendaciones de los especialistas. “Los médicos piensan que entre más pase el tiempo, mujeres mucho más jóvenes que yo pueden padecer de cáncer de mama. Yo me salí de todos los pronósticos: 29 años (tenía 28 cuando se lo diagnosticaron), dos hijas nacidas por parto normal. No había razón para pensar en algo así; sin embargo, sucedió”, puntualiza.

Y así, tal como lo hizo hace 8 años atrás, con las mismas ganas y la misma fe de que Dios la ha elegido para asuntos grandes como representar la alegría y la dicha, hoy aún se siente la reina, y por eso “decreta, manda y ordena” que se siga viviendo el ‘carnaval de la vida’. Un carnaval donde la soberana es Julia Carolina De la Rosa... Valiente.